Selección de restaurantes de Barcelona

EDU VIALE
01 de junio de 2015
I
La barra del Coure

Restaurante la barra del Coure. La barra del Coure permite degustar la cocina precisa y sorprendente de Albert Ventura de manera más informal.


Juego de sabores sobre un taburete

La barra no es un elemento demasiado habitual en la gastronomía catalana, excepto en casos excepcionales como los bares de la Boqueria y otros mercados, por ejemplo. Así que siempre es interesante explorar las luces y sombras que implica cenar sentado en un taburete. En el caso del Coure permite algo que es sin duda una ventaja: degustar la cocina de Albert Ventura de una forma más informal que en el comedor de la planta de abajo, en formato de platillos y, además, con un presupuesto menor, si bien esto acaba dependiendo del tipo y la cantidad de platos que se acaban pidiendo.

La barra también proporciona una oportunidad única, como es la de vivir la acción culinaria más de cerca, con un contacto directo entre la cocina y el comensal. De hecho, muchos de los platos que se sirven se elaboran allí mismo, en unos fogones instalados en la parte izquierda. Sin embargo, me parece que en el Coure desaprovechan la oportunidad de fomentar una relación más estrecha con el cliente, mediante un servicio totalmente eficaz pero un poco frío, sin hacer en ningún momento partícipe al comensal de lo que sucede detrás de la barra, como si hubiera una frontera imaginaria que no se debe traspasar. Quien sabe, quizás elaborar el tartar frente al cliente, dar el último toque de los platos en la misma barra, un diálogo más fluido sobre gustos y recomendaciones…

También es cierto que quizás depende del día o que incluso hayan comprobado que este tipo de trato más distante es el que precisamente busca su clientela habitual. Pero más allá de esta sensación particular (y reconociendo que a veces un exceso de proximidad puede ser cargante), la gran mayoría de los platos que aparecieron sobre la barra del Coure merecen un arqueo de cejas ante la sorpresa que supone probar unos platos que, basados en ingredientes habituales en la cocina mediterránea, son capaces de ampliar el espectro de sabores gracias al uso preciso e inteligente de contrapuntos, foráneos o no.

Una simple ensalada con burrata, anchoas, tomate, aceitunas kalamata y albahaca sube de nivel gracias al intenso sabor de las láminas de hinojo. O una caballa marinada con puerros tiernos se revoluciona gracias a la presencia del tofu de mostaza. De la misma forma, el fabuloso tartar de vaca se equilibra entre el mascarpone y la mostaza hasta llegar al plato estrella de la noche: el pulpo a la brasa, con causa peruana y kimchi (un plato típico de la cocina coreana basado en la col china). En este caso, la causa juega el papel habitual de la patata hervida para activar los fuegos de artificio generados por esta receta en que se aliña la papa con limón y ají.

La euforia hizo que pidiéramos otro plato para dejar el pabellón bien alto, y el escogido fue los rigatoni rellenos de cola de buey ligeramente gratinados. Un plato con más peso y seriedad, que quizás no acabó de encajar bien con la línea seguida hasta el momento. Quizás porque no jugaba tanto a la sorpresa como sus predecesores y los sabores estaban más centrados, como si jugaran en una liga diferente. Y esto hace que vuelva de nuevo a esa petición de un contacto más directo con el comensal; no hubiera estado mal que alguien nos hubiera aconsejado optar por otra elección. No pasaría nada, el cliente no siempre tiene la razón e incluso puede llegar a apreciar un buen consejo en el momento preciso. Y más si la distancia con la cocina está a sólo una barra de distancia.

RESTAURANTE COURE
Passatge de Marimon, 20 - Zona Sant Gervasi Galvany - Barcelona
Teléfono: 932 007 532
Precio orientativo Carta 35-45 €
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